
Al otro lado del universo audiovisual, los trabajos que tienen que ver con el entretenimiento o la ficción no gozan de la seriedad de las profesiones tradicionales, como abogados, médicos o ingenieros. Son, al fin y al cabo, empleos relacionados con la desconexión, un territorio destinado al ocio, todavía más cuando hablamos de animación. Sin embargo, sobrepasando esa frontera audiovisual, habita una filosofía de trabajo compleja, intrincada y variada, tan seria como cualquier otra, y sujeta a grandes oportunidades laborales.
Poco a poco, con el advenimiento de la tecnología y las posibilidades que ofrece el mundo digital, se están limando las asperezas respecto a la evolución de nuevos empleos, y trabajos como el de animador se entienden y se ven con buenos ojos. La novedad está encajando en la normalidad, y el sector audiovisual ha abierto la puerta para que sus trabajadores conquisten, incluso, otros campos de actuación que antes no habían pisado.
En el caso de los animadores propiamente dichos, nos referimos a los profesionales que animan los personajes, objetos, vehículos y demás elementos susceptibles de moverse, expresarse y transmitir sentimientos, y en el amplio mundo de la acción real y la ficción, se puede dar en cualquier terreno: todo es posible, no hay límites.
La industria audiovisual, la zona de confort
La semilla se plantó en el sector audiovisual y, lógicamente, es donde más fuerte y sano ha crecido el proyecto. Allí se ha desarrollado la animación en todo su esplendor y, dentro de este gran campo, todas las disciplinas que la nutren, desde el modelado 3D hasta los efectos visuales. Aquí se conoce todo el proceso que compone una animación, desde su concepción por parte de los creadores hasta el renderizado final, y se respeta todo el desarrollo de principio a fin. Y, sobre todo, prima en universos como el cine, la serie y los videojuegos.
Como consecuencia, esta industria es la que más salidas laborales presenta para un animador, sobre todo en la actualidad, donde la animación y la acción real se dan de la mano en casi todas las producciones. Porque la animación no solo recala en películas como ‘Tadeo Jones’ o ‘Up’, sino en cintas protagonizadas por actores, en entornos reales, que necesitan un apoyo animado para conseguir contar la historia. Por ejemplo, en el ámbito de los efectos visuales, las explosiones o los derrumbamientos casi siempre son digitales para ahorrar en costes, pues es mucho más caro y arriesgado, además de una complejidad a nivel organizativo, generar semejantes efectos de manera real.

Tambien en los pequeños detalles reduce costes
Al mismo tiempo, también en el terreno de la acción real, se recurre cada vez más al envejecimiento y rejuvenecimiento de los rostros y las pieles de forma digital, en detrimento del maquillaje, pero también a la incorporación de objetos construidos desde cero para rellenar espacios, incluso con personajes reales o inventados que deciden crearse digitalmente. Por ejemplo, a la hora de multiplicar ejércitos, recrear vehículos y completar paisajes, la animación ejerce cada vez un papel más determinante en los grandes estudios de cine.
Por supuesto, en el cine de animación propiamente dicho, el trabajo del animador es cuantioso y constante, pues casi todos los elementos que aparecen en pantalla deben moverse y expresarse, más todavía en los últimos tiempos. En películas como ‘Del revés’, que inciden de manera tan acusada en el aspecto emocional de sus personajes, es esencial que la animación vaya un paso más allá y, además de propiciar movimientos, ayude a representar sentimientos de manera realista.
Un nivel de realismo sin precedentes
Y ahora no basta únicamente con las expresiones de las películas en 2D que tanto nos enamoraron de pequeños, sino que también necesitamos esa dosis de realismo que acerque a los personajes de las películas y los videojuegos a la realidad, que cada vez sean más difíciles de diferenciar.
Al fin y al cabo, ese grado de realismo es importante para los usuarios: por poner un ejemplo, los jugadores piden al EA Sports FC anual que los futbolistas que manejan desde sus consolas se parezcan más a los ídolos que ven por televisión. Y, en otros juegos y productos, que las expresiones estén acompàñadas de movimientos fluidos y orgánicos, similares a las personas, animales y objetos que observamos en el día a día. Para conseguir esa precisión en gestos, movimientos y emociones, es necesario el trabajo de un gran número de animadores que dominen programas como Maya Autodesk, Blender o Houdini.

La publicidad y el marketing
En muchos sentidos, la publicidad está vinculada a los medios audiovisuales, ya que, desde hace años, parte de las campañas y estrategias se centran en productos que podemos ver y escuchar. Con la afloración de las redes sociales, mucho más. En este sentido, la animación también ha llegado para quedarse, cada vez más compleja, sofisticada y con muchas más salidas.
Si la publicidad lleva años utilizando las pantallas para promocionar sus productos, cada vez es más importante el trabajo de postproducción para completar un buen spot publicitario, y tiene sentido. Además de ser una herramienta de ahorro de costes, poco a poco, la animación en publicidad tiene más cabida por la cantidad de productos tecnológicos anunciados y la recreación de universos posibles de aire futurista que estos pretenden conseguir. Desde siempre, los comerciales han anunciado ese futuro que puede propiciar el producto ofrecido, y teniendo en cuenta que el mundo funciona y evoluciona más deprisa, los animadores tienen más trabajo para dar forma a esas nuevas realidades futuras. Y no solo en productos adelantados: cualquier spot publicitario es susceptible de crear material digital, exactamente igual que en el cine o las series.
Potentes equipos audiovisuales
Pero más allá de los buenos productos publicitarios, que desde hace décadas llevan detrás un desarrollo de producción muy similar al de una película, la animación ha asaltado todo tipo de empresas que pretenden anunciar sus productos a través de redes sociales, marquesinas, grandes pantallas, etc. No es de extrañar, por tanto, que marcas de zapatillas, electrodomésticos, refrescos, seguros, colchones o servicios de coaching utilicen animadores para dar movimiento a sus campañas, tanto a nivel de rótulos como de objetos o personajes. Desde los motion graphics, que mueven cajas, títulos y formas en diferentes superficies, hasta el rigging, que coloca esqueletos debajo de personajes o criaturas que deben moverse, todos los animadores tienen su sitio en las pequeñas y grandes empresas que crecen como la espuma, dedicadas a disciplinas cada vez más variopintas.
Y no solo eso: aunque el trabajo de autónomo como animador es habitual, estas empresas están empezando a tener en plantilla un equipo audiovisual potente, ya que el vídeo y la foto son básicos a la hora de promocionar y presentar productos a nivel interno y externo. Estos equipos, a veces vinculados a los departamentos de marketing, ya cuentan con modeladores y animadores, y el crecimiento parece exponencial.

Mejorando el día a día
La animación es tan jugosa y llamativa que ha sobrepasado cualquier relación con el mundo audiovisual, incluso el universo publicitario y del entretenimiento. El mundo requiere el audiovisual para el día a día, y, dentro de este, la animación es clave.
En ámbitos como la medicina, la manufactura, la educación, la arquitectura y la ingeniería, claves para el funcionamiento de la sociedad, la animación ha llegado para facilitar la vida no solo a los profesionales que trabajan en estas industrias, sino a las personas que viven de estos productos, muchos de ellos dentro del sector público. Gracias a la animación, estos profesionales están desarrollando prototipos tan variados que es mucho más sencillo y rápido imaginar el futuro. Desde proyectos de edificios con todos los detalles para interaccionar como profesional y usuario, y para desarrollar los parámetros de seguridad adecuados, hasta la recreación de órganos en medicina que ayuden a imaginar y confeccionar trasplantes y prótesis, incluso procesos de intervención, pasando por piezas para maquinaria y clases de Historia o Biología en los colegios.
En todos esos casos, los modeladores, encargados de crear los elementos a partir de modelado tradicional 3D o escultura digital, y los animadores, destinados a dotar de movimiento esos elementos utilizando las leyes físicas, se han convertido en piezas clave para imaginar proyectos y hacerlos realidad de manera más rápida, precisa y efectiva.
El futuro de la animación
Actualmente, la animación permite ver antes, y más allá del plano, los mimbres de un nuevo proyecto, y ese es solo el principio: gracias a las tres dimensiones y la ausencia de límites que ofrecen programas como Maya o Blender, la profundidad es total, llegando hasta cualquier parte de ese prototipo que puede girarse, tocarse y mirar de cerca. La animación no entiende de límites en cualquier ámbito.