En el ámbito de la tecnología, el año 2024 ha estado protagonizado por la implantación de la inteligencia artificial (IA) a nivel usuario. Si bien ya se hablaba de esta tecnología en el pasado, y hemos podido observar sus virtudes a nivel muy básico (buscadores de Internet, plataformas de streaming con recomendaciones…), el pasado año fue clave para su uso a nivel creativo y para su democratización. Hablemos si de la IA y del futuro en el arte digital.

La eterna duda, la IA y el futuro del Arte Digital.
Muchos creadores están preocupados por esta nueva tecnología que está calando en el usuario con total rapidez. Y no solo en el usuario: muchas empresas ya piden expertos en esta disciplina para realizar sus proyectos. La optimización de tiempo y recursos que brinda es una de sus grandes bazas, pero hay muchas más: sus posibilidades creativas, partiendo de la ingente cantidad de información que habita en la red, es también infinita.
Actualmente, la IA se ha instalado en numerosas empresas, tanto que algunas publicaciones o anuncios del día a día nos generan dudas sobre su verdadera naturaleza. Esta incertidumbre está ligada al miedo que ha generado esta tecnología entre los creadores, que ven con malos ojos la implantación de máquinas que hagan cierto trabajo por ellos. Amparados en el temor a ciertos avances, los creadores hablan de la devaluación del arte y de la posibilidad de mermar el mercado laboral con su implantación.
Por suerte, ha quedado demostrado que esta tecnología necesita el apoyo humano. La IA necesita instrucciones para funcionar, y estas deben nacer de los humanos a todos los niveles. La información escrita en los prompt debe ser precisa y creativa para poder generar las diferentes formas de arte. De alguna manera, la IA se ha convertido en el brazo ejecutor, en la tecnología que hace posible ese arte, pero todo surge de la imaginación y la creatividad del usuario.
Las herramientas más potentes y accesibles
ChatGPT fue una de las primeras opciones para investigar esta tecnología en esta nueva era. Con el tiempo, usuarios y empresas recurren a ella a diario para resolver sus inquietudes y apoyarse en el día a día. En un estudio creativo, una herramienta de estas características es importante para buscar referencias, generar la documentación adecuada y crear guiones, proyectos o sistemas de trabajo para ahorrar tiempo y ganar en organización.

Por otro lado, a nivel más creativo, la inteligencia artificial ha dado un salto y se ha concretado en softwares realmente potentes como Midjourney, NightCafe Creator y Web Craiyon. Estos programas permiten la generación de imágenes concretas tras la previa especialización del usuario, que puede generar contexto de todo tipo para que la imagen sea precisa, desde los elementos hasta el estilo y la perspectiva. Con un poco de práctica y una gran imaginación, además de un gran conocimiento sobre la disciplina tratada, los programas pueden lanzar multitud de opciones para crear arte de todo tipo.
En otros ámbitos, los grandes estudios de animación y efectos visuales utilizan la inteligencia artificial para generar contenido como contornos y personajes de una forma más sencilla, siempre siguiendo las instrucciones de sus desarrolladores y el ejemplo de modelos generados previamente.
La democratización del arte.
Hasta hace poco, el talento y la técnica eran las principales herramientas para hacer arte. Los grandes pintores, escultores, arquitectos, cineastas, fotógrafos, músicos y escritores utilizaron sus recursos innatos y el aprendizaje para convertirse en los mejores de sus especialidades. Se trataba de un concepto para generar contenido que ha cambiado con el paso del tiempo.
En las últimas décadas, el talento y el trabajo han seguido primando a la hora de destacar como artista, pero la creación de tecnología cada vez más avanzada ha facilitado los procesos, así como el acceso a mucha más información. Actualmente, es más sencillo aprender a dibujar que antes, pues existen un sinfín de herramientas, tutoriales, programas, escuelas y profesionales dispuestos a ampliar las capacidades artísticas de la población. Por ejemplo, la animación 2D del siglo XX se hacía de manera manual, dibujando cada fotograma para provocar sensación de movimiento; actualmente, la tecnología permite duplicar imágenes y hasta generar elementos en tres dimensiones de manera digital, ahorrando tiempo y consiguiendo resultados más espectaculares a pesar de la dificultad de modelar y animar.

Con la llegada de la IA y el futuro del arte digital en juego, esta idea va más allá. Gracias a su capacidad para producir imágenes a través de las indicaciones del usuario, es mucho más sencillo que antes llegar hasta una obra decente y más personas son capaces de alcanzarla. Contando con la imaginación y la experiencia adecuada para dar las instrucciones precisas, softwares como Midjourney o Playform pueden producir bellas composiciones por nosotros, sin la necesidad de poseer un talento primoroso o conocimiento de escuela para ello. De hecho, gracias a la inteligencia artificial, pueden florecer artistas que no sabían que lo eran porque contaban con las herramientas adecuadas. Algunos de estos, por falta de técnica, no habían explorado ciertas disciplinas al máximo, pero actualmente pueden dejar a un lado el aspecto más complicado y engorroso para centrarse en la creación per se.
¿Qué implica esta democratización? Una cantidad enorme de arte de diferentes tipos y correspondiente a artistas más variados, consiguiendo nuevas perspectivas y formas de ver la vida a través de las imágenes. El límite radica en la imaginación del usuario, pues esta herramienta bebe de las experiencias que ya existen, pero las posibilidades de crear serán mayores y podrán salir de un mayor número de personas. No es que desaparezcan los artistas, como algunos temen, sino que habrá más; pero el artista de siempre prevalecerá, pues su creatividad y conocimiento serán necesarios para llegar hasta imágenes que merezcan la pena.
Portrait of Edmond de Belamy, fue la primera obra de arte generada por inteligencia artificial que se vendió, alcanzando un precio de medio millón de euros. Este es un ejemplo de lo que se puede conseguir con esta nueva tecnología, capaz de desarrollar obras de arte nuevas a través del conocimiento que existe en la red y de las instrucciones oportunas.
El gran aliado de la década, la IA y el futuro del Arte Digital
Si bien numerosos artistas consideran un enemigo a la inteligencia artificial, muchos otros la han acogido con los brazos abiertos tras comprobar sus posibilidades.
“La técnicas no es el corazón de lo que hacemos; las emociones, las historias, eso es lo que subyace”, dice Runben Gou, creador de contenido para YouTube, sobre la implantación de la inteligencia artificial. Y es cierto: la esencia de esas historias y creaciones pertenece a los humanos, que en este caso recurrimos a una tecnología superior para hacerlas realidad.
Pero la IA no es el único ejemplo de un avance tecnológico que se vilipendia por miedo y desconocimiento antes de aceptarse. Pensadores del pasado se negaron en rotundo a aceptar novedades tecnológicas que hoy en día están implantadas y se consideran arte desde hace más de un siglo, como la fotografía. La IA y el futuro del arte digital llevan el mismo camino, porque ha llegado para quedarse.

De alguna manera, en términos de esfuerzo, el mismo youtuber defiende que, con ese pensamiento negativo sobre la IA, cualquier avance tecnológico, como un aparato de última generación o un software, podría considerarse una forma de minimizar la importancia del trabajo de un creador, ya que se aprovecha de una gran tecnología. Una teoría que puede aplicarse a la IA, pues su objeto principal es servir de vía para alcanzar un objetivo, como una cámara de fotos o un programa como DaVinci Resolve. La clave es aprovechar esa tecnología para nuestros intereses como creadores: ahorrarnos tiempo mediante la automatización de procesos, liberarnos de procedimientos tediosos, complejos y repetitivos, limar fallos, eliminar errores humanos y apostar por la precisión de las máquinas. Además, la IA solo se ha sofisticado, pero siempre ha existido en nuestros programas favoritos analizando datos a más velocidad y facilitando nuestro proceder. Por ejemplo, el cuentagotas de Premiere, After Effects o Da Vinci permite averiguar la paleta de color exacta para replicar un elemento y darle homogeneidad; hoy en día, esa inteligencia artificial que identifica colores ha ido más allá y genera imágenes por sí misma, pero siempre a partir del usuario, que solo utiliza la tecnología para reducir tiempo y dar más alas a la creatividad. Por no hablar de la productividad: esta tecnología es vital para generar a gran calidad y en mayor cantidad.
De esta forma, nos deja únicamente la función de pensar, imaginar y, finalmente, crear. Al fin y al cabo, la IA bebe del ser humano, de todas sus creaciones y conocimientos, y ella solo trata de imitarnos con una ejecución más milimétrica y a mayor velocidad. De momento, nunca irá a más allá: siempre necesitará nuestro apoyo para seguir creciendo.
En todos los órdenes de la vida, la IA será una forma excepcional de facilitarnos la existencia. Crearemos las mismas o mejores expresiones artísticas, pero reduciremos los tiempos, descubriremos mayores posibilidades y, en definitiva, haremos más rico el panorama creativo. Diciendo así que la IA y el futuro del arte digital siguen un camino unido por un bien general.