
La IA y el cine de animación: el debate actual
Tal y como está ocurriendo con la IA, a lo largo de la historia, cada hito tecnológico que ha terminado calando en la sociedad ha suscitado debates, muchos de ellos impulsados por el miedo, otros sustentados en la ética y algunos apoyados en la ciencia. Pero de una forma general, sobre todo fuera del ámbito profesional, siempre ha existido una tendencia apocalíptica, una paranoia colectiva que habla del fin del mundo. El avance del momento y aparentemente terrorífico parece nuevo, pero solo hay que echar la vista atrás para comprender que la historia siempre se repite.
Cuando la tecnología da miedo: precedentes históricos
Basta con viajar al nacimiento de la imprenta en el siglo XV, que parecía atentar contra las historias y la tradición oral, o a los años 70 del XX, cuando la imparable evolución de las industrias parecía condenar a la humanidad al consumo alimenticio a través de pastillas. Bien es sabido que, tiempo después, nada de eso ha pasado: la literatura creció como la espuma y llegó a todos, y a nivel oral, los monologuistas y los podcasts siguen subiendo en popularidad incluso en la era digital. También ha existido cierta evolución nostálgica, por muy paradójico que resulte: en el terreno de la alimentación, prolifera la comida real, sana y ecológica, y triunfa la vuelta al pastoreo y la recolección sostenible.
Por qué la IA marca un antes y un después
Sin embargo, la revolución indiscriminada de la inteligencia artificial parece haber marcado un antes y un después muy claro, un avance que, a nivel de importancia y determinación, se equipara al surgimiento de Internet en los 60 y su llegada al público general en los 90, y que ha terminado por dominar nuestras vidas en las décadas posteriores. Y lo que realmente preocupa a muchos de la IA no es solo la tecnología en sí, sino el momento de la consolidación de su aterrizaje, una época donde los cambios están marcados por la rapidez y todo parece progresar en cuestión de semanas. Si hace muy poco la IA parecía un invento rudimentario, con evidentes fallos en generación de imagen y texto, ¿cómo es posible que haya llegado a este nivel en tan poco tiempo? ¿En qué momento se ha alcanzado la generación de imagen en vídeo con esos resultados tan impresionantes, si hasta hace muy poco tiempo apenas había señales de esta tecnología en movimiento? Existen muchas preguntas, pero una que resalta sobre las demás: ¿cómo esta evolución y rapidez pueden afectar al día a día del ser humano, para bien y para mal?

IA y cine de animación: qué dice la ley en España
Uno de los debates más feroces llega, precisamente, con la generación de imágenes fijas y vídeos a través de herramientas tan potentes que pueden confundirse fácilmente con la realidad. Más allá de los dilemas morales que ya han surgido y los evidentes abusos que se están cometiendo en redes sociales con la IA generativa, surge la duda en el terreno de la creación: ¿es realmente arte una imagen creada por IA? Nathalie Martínez, una de las voces más autorizadas en la materia y presidenta de DIBOOS, la patronal de la animación en España, lo tiene claro: “No es arte como tal, porque el arte al final tiene un propósito, tiene un mensaje, tiene una misión, tiene una visión”.
En lo referente al cine de animación, preguntamos al experto Alberto Cano, profesor en LightBox Academy y miembro de la Academia de Cine, sobre los efectos de esta tecnología que, según sus palabras, “ha venido para quedarse”. Para empezar, a la hora de valorar como cine de animación una obra generada por inteligencia artificial, y a raíz del próximo estreno en Cannes de ‘Critterz’, la primera película de animación hecha enteramente con IA, es necesario acudir a la ley, donde, en última instancia, se determina la legitimidad de un producto concreto. En este caso, España ha dejado esta legislación en manos del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), el cual establece que solo una obra que refleje el trabajo fotograma a fotograma (o la mayoría de este proceso en proyectos híbridos) podrá considerarse animación.
Con la ley en la mano, “la IA Generativa, de por sí, carece de tratamiento de obra animada, aunque tenga el aspecto de esta, no pudiendo ser inscrita en el ICAA como tal. Si esto ocurriera, se podrían tomar acciones legales, ya que se incurriría en fraude en un documento público”, advierte Alberto Cano.
Sin embargo, esta ley, que podría tranquilizar a algunos profesionales o espectadores, carece de amplitud y no se refiere a los procesos internos de una creación audiovisual. Porque, ¿qué ocurre en las entrañas de las producciones? ¿Cuánto se puede utilizar la inteligencia artificial? ¿Hasta dónde puede llegar?
El problema de fondo: cuánto IA se permite dentro de una producción
La Academia de Cine está trabajando en la creación de leyes que ayuden a controlar su uso y poner freno a la barra libre que está propiciando fenómenos como ‘Critterz’ o, en el campo de la acción real, el drama histórico ‘On This Day… 1776’, del reputado cineasta Darren Aronofsky. Y este es un tema especialmente sensible que está provocando la mayor preocupación entre los trabajadores del sector, que temen la sustitución de su trabajo creativo por el de una inteligencia artificial.
Alberto Cano es claro en lo que a legalidad se refiere, es consciente de los límites que deben ponerse para evitar su uso indiscriminado, pero no cierra la puerta a esta tecnología:
“Creo que es una herramienta que puede mejorar los flujos de trabajo, que puede aligerar tareas automáticas o incluso llegar a crear nuevas herramientas para el artista”.

IA como herramienta: usos aceptados que ya existen
Este no es un órdago por parte de Alberto Cano, sino una realidad que ya se había iniciado tiempo atrás, porque la IA lleva con nosotros mucho más de lo que imaginamos. Un ejemplo claro, dentro del audiovisual, es el tratamiento de fotografías y de vídeo a través de programas importantes como los que ofrece Adobe. Estos permiten mejorar, estilizar, eliminar y emplear otras técnicas que facilitan el trabajo de los artistas. Un ejemplo claro es la varita mágica de Photoshop, que lleva tiempo ahorrando trabajo costoso y no creativo a los editores y diseñadores. Y las mejoras son sustanciales en las actualizaciones de programas y en las nuevas herramientas que aparecen en el mercado. En el medio digital, el artista sigue siendo un artista, pero se apoya en herramientas que han llevado el arte manual hasta el terreno digital. Y lo mismo ocurre en disciplinas como la pintura, trasladada del papel a la pantalla, y donde algunos programas brindan pinceles, lápices, carboncillos y otros elementos con diferentes grosores y texturas para crear composiciones. Por no hablar del modelado 3D, la arcilla digital y las múltiples herramientas que ofrecen programas como ZBrush para moldear. Todos estos avances y ayudas, de alguna forma, beben de la inteligencia artificial, aunque siempre es el humano el encargado de crear y manejar el proceso.
Lo que viene: aplicaciones técnicas útiles más allá de la IA generativa
Alberto Cano va un poco más allá y, además del enfoque práctico de la IA en el entorno creativo, asciende su uso a territorios más complejos y técnicos en los que ya se esta trabajando: “Imaginad una herramienta que consiguiera mapear geometría digital de forma automática para la creación de materiales o softwares más estables donde la IA intervenga para solucionar problemas internos del programa, como bloqueos y cuelgues técnicos”. Estos avances de la IA son celebrados y aceptados, pero están “siendo opacados por los fuegos artificiales de la IA generativa”.
IA generativa y conflicto: estilo, permisos y compensación
La mala fama de estas imágenes creadas con total libertad, sin ningún tipo de regulación, y a menudo para uso recreativo propio, como la reciente ola de fotografías con el estilo de Studio Ghibli, pero también con fines comerciales, está atentando contra el trabajo de muchos artistas que han visto cómo se ha usado su arte sin permiso, impunidad o compensación. Y a veces de forma flagrante: si bien la IA generativa se alimenta de todo el arte que existe en la red, muchas veces copia de manera literal sin ningún remordimiento, tal y como ocurrió con los dibujos de Hayao Miyazaki, de Studio Ghibli, o los de Matt Groening, dibujante y creador de ‘Los Simpson’. Y, erróneamente, se está metiendo en el mismo saco este cuestionable uso de la IA y la utilización beneficiosa y necesaria que ensalza Alberto Cano para facilitar flujos de trabajo.

Cómo reaccionan los grandes actores del sector
Frente a esta fuente de problemas que está surgiendo con la IA generativa en el terreno audiovisual, donde ya podemos ver anuncios realizados enteramente con inteligencia artificial, y próximamente películas o videojuegos, Alberto Cano explica cómo funcionan realmente los grandes estudios de animación en estos tiempos tan inciertos:

“La IA, más allá de ser una fábrica maravillosa de memes, es un buen radar para localizar empresas de calidad dudosa; es por eso que empresas del nivel de Games Workshop, Comic- Con, Dark Horse y un largo etcétera prohíben el uso de la IA en cualquier parte del proceso de sus artistas”.
¿Avance necesario o amenaza?
Como mensaje final, el académico considera que la inteligencia artificial “se incorporará de mil y una maneras diferentes en la cadena de producción de la industria audiovisual, y que será un adelanto que permitirá a los artistas más flexibilidad y efectividad, pero nunca podrá sustituir al humano en el aspecto artístico o narrativo”. Y, para cerrar, lanza una pregunta definitoria que podría aclarar perfectamente el sentir general del ser humano frente a esta revolución: “Si su casa está ardiendo y llama a emergencias, ¿quién quiere que esté al otro lado de la línea, un humano o una IA?”.