¿Qué es la corrección de color en un proyecto visual?

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Un proyecto visual necesita multitud de etapas antes de poner la rúbrica. La composición así lo requiere si se desea un trabajo profesional de calidad, con todos los apartados cubiertos. Y en materia de vídeo y fotografía, siempre se necesita invertir tiempo en postproducción para terminar de dar vida al trabajo. El color es la última parte de la travesía, la meta que da por cerrado el trabajo a nivel visual.

Todo comienza con la preproducción, que establece ya el tono, el estilo o la personalidad que va a tener el producto deseado. En ese momento se decide qué idioma va a hablar ese producto, basándonos en aspectos como la fotografía, el vestuario, la dirección artística y la dirección. Sin embargo, a pesar de todo ello, el trabajo de postproducción es vital para terminar de redondear el producto y otorgarle esa personalidad, ya que un mismo material puede tener diferentes lecturas si se trata de una forma u otra. En ese momento entra en juego la corrección de color.

¿Qué es la corrección de color?

Antes de seguir, es importante establecer una gran diferencia. Cuando se habla de corrección de color, nos referimos más al ajuste de exposición, temperatura y tono de color para que todo el conjunto sea uniforme. Se trata de, precisamente, corregir, pero este no es el único trabajo de un colorista. Por este motivo, habría que establecer otro proceso, el color grading, encargado de dar un aspecto concreto al producto desde un punto de vista más creativo, que también afecta al apartado narrativo. Así, en conjunto, lo adecuado sería hablar de etalonaje, pues engloba todo un proceso de gran complejidad que aúna lenguaje técnico y creativo.

Antes de empezar con la corrección de color, el material que llega al estudio de trabajo, es decir, los brutos, deben tener un aspecto neutro, donde las luces y las sombras no sean tan duras y se muestren con demasiados contrastes. Con este aspecto aséptico, el corrector de color podrá trabajar la imagen sacando el máximo partido a todos sus matices y, desde ahí, otorgarle la personalidad deseada o establecida.

Corregir el color es esencial porque se confirma la personalidad de la obra

La coloración es un proceso clave, pues convierte una imagen plana en una composición con vida propia. Las etapas serían la exposición, el contraste, la saturación de colores y balance de colores. Se trata de levantar ciertos parámetros de la fotografía o del vídeo y quitar peso a otros, siempre teniendo en cuenta aquello que se quiere transmitir con el producto. No es lo mismo un catálogo de moda urbana que un cortometraje de terror, y parte de las sensaciones que transmiten esos proyectos residen en el buen manejo del color, incluso influyen en los personajes que aparecen en las imágenes. También afecta a las emociones de las personas que observan, ya que cada color tiene la capacidad de transmitir a su forma, tal y como cuenta la Teoría de los Colores (1810) de Johann Goethe. Por eso es tan importante. La historia o las sensaciones que brindan una fotografía o vídeo dependen del color en cierta manera.

Corregir el color es esencial porque se confirma la personalidad de la obra que ha establecido previamente el director o responsable del proyecto, aunque los coloristas también pueden ser contratados no solo por su buen manejo del color, sino por atesorar un estilo concreto que se busca para su pieza. Incluso el público puede elegir uno u otro producto solo por lo que suele transmitirle el color de su creador. Y en vídeo, este trabajo suele estar ligado al del director de fotografía, pues ayudará a establecer esa personalidad al material y aplicará ciertos parámetros en el set de rodaje que después deben ir en consonancia con lo que suceda en postproducción.

En el ámbito del cine, antes del mundo digital, se balanceaban los valores de RGB (rojo, verde y azul). Sin embargo, a principios de los años 2000, se empezó con la coloración digital, y la pionera fue la película O Brother, Where Art Thou, de los hermanos Coen. Desde entonces, se utiliza el Digital Intermediate (DI), capaz de cambiar por completo el aspecto de una película o de otro producto visual desde un ordenador. Y además de generar uniformidad en la película, estableciendo una paleta de colores concreta y unos parámetros lumínicos adecuados que no desvirtúen los planos entre sí, se genera esa personalidad, tan necesaria a la hora de transmitir y generar atmósferas, incluso épocas. No es lo mismo el corrector de color de Tim Burton, que suele apostar por ambientes más góticos repletos de sombras, que el de Wes Anderson, ducho en el manejo de los colores pastel; o de películas concretas que destacan por su color, como el de Amelie, afincado en los verdes y rojos, o el de El renacido y su apuesta por los colores fríos. Y es que el material original puede gozar de todo tipo de personalidades con el buen uso del color, aunque los brutos ya vengan trabajados desde el set de rodaje a través de la iluminación. La película y sus emociones pueden ir en una línea o en otra dependiendo del color, y en los ejemplos anteriores es clave a la hora de generar un mundo totalmente único.

La historia o las sensaciones que brindan una fotografía o vídeo dependen del color en cierta manera

En cuanto al software utilizado, los coloristas están de enhorabuena con la reciente aparición de DaVinci Resolve, un programa de edición de vídeo que incluye excelentes herramientas para corregir el color, y que ha revolucionado el mercado por su capacidad para conseguir aspectos profesionales. Adobe Premiere ha incluido en los últimos años la herramienta Lumetri, pensada para tocar el color de una manera más precisa y profesional. Así pues, Final Cut Pro X cuenta con Color Board en una de sus últimas actualizaciones para destacar más en este aspecto. Y siempre hay alternativas de todo tipo, algunas de ellas muy asequibles.

El color es clave en cualquier producto visual, ya que crea uniformidad y, sobre todo, determina el aspecto que va a tener la composición final. De esta manera no solo generamos un look más o menos atractivo, sino que construimos atmósferas, personalidades y emociones, claves a la hora de transmitir en el arte.

 

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