Diferencias entre animación 2D y 3D: Una comparación profunda de dos mundos creativos

Diferencias entre animación 2D y 3D: Una comparación profunda de dos mundos creativos

Los adelantos tecnológicos han ampliado el mercado y han permitido la cohabitación de la animación 2D y 3D, dos disciplinas que siguen ganando enteros por separado y que, a pesar de partir de unas normas similares, han evolucionado hacia diferentes formas de creación.

Índice de contenidos
Escena animada de estilo cartoon mostrando a una persona y un canguro con vestimenta aventurera, en un paisaje desértico al atardecer.

La animación 2D y 3D reinan como los dos campos de actuación de esta bella disciplina, crecimiento y creatividad que, dentro de su propio terreno, evolucionan, se perfeccionan y se adscriben a nuevas técnicas y géneros. En este panorama, la llegada imparable del 3D desde mediados de los años 70 no ha dilapidado el buen hacer del 2D, simplemente se ha repartido más la tarta de las producciones. De hecho, grandes y rompedores productos cinematográficas como ‘Klaus’ y ‘The Secret of Kells’, series como ‘Rick y Morty’ y ‘Hora de aventuras’ o videojuegos de la talla de ‘Celeste’ o ‘Hollow Knight’ pertenecen al universo del 2D, con un nivel de sofisticación y técnica que varía de unos a otros, pero que han sabido combinarse con las producciones en tres dimensiones

Sin embargo, existen diferencias claras entre ambas formas de producir animación.

Los ejes x e y de la animación 2D

El inicio de la animación está vinculado a las dos dimensiones, como no podía ser de otra forma. El alto y el ancho, dos ejes (x e y), ni más ni menos. El dibujo que todos los niños hicieron en algún momento sobre un papel, que plasmaron con mayor o menor acierto, y que, con el paso de los años, empezó a moverse y a expresar sus sentimientos desde los grandes estudios profesionales. Pero siempre en el marco de las dos dimensiones.

En los inicios de la animación, alejados todavía de la tecnología digital, los grandes estudios debían apañarse con la tecnología disponible que, a la hora de crear elementos animados, era prácticamente nula. De esta forma, los dibujantes eran los grandes artistas de la disciplina, encargados de dibujar las partes que, finalmente, acababan formando el todo de un objeto o de un personaje.

Desde las apartaciones del padre de la animación, Émile Reynaud, con ¡Pobre Pierrot!, a través de su teatro óptico, hasta el visionario Georges Méliès y sus animaciones en cortometrajes, pasamos a las películas que utilizaban la repetición de dibujos para crear la sensación de movimiento, siendo ‘El apóstol’, de Quirino Cristiani, el primer largometraje, para el que se usaron 58.000 dibujos en 35 mm. Se trataba de una tarea hercúlea, ya que cada movimiento implicaba un número concreto de dibujos. Aunque en el caso de ‘El apóstol’ se utilizaron 14 frames por segundo, es decir, 14 dibujos por segundo, actualmente, y desde hace tiempo, necesitamos 24 frames para completar un segundo y, por consiguiente, 24 dibujos para completar un segundo de cada movimiento. Si un movimiento implicaba 5 segundos de realización, multiplicaríamos 24 frames x 5 segundos, obteniendo un total de 120 frames y 120 dibujos para ese único movimiento.

Con el paso de los años, el cine de animación se fue sofisticando y los movimientos empezaron a ser mucho más amplios y profundos, generando películas más fluidas, personajes con más rango de movimientos y, en definitiva, una producción con más vida, tratando de asemejarse cada vez más a la realidad. A través de esta técnica de animación tradicional, los dibujantes debían trabajar a destajo para sacar las ficciones que se iban generando, entregando su talento para que sus personajes cobraran vida.

Era, y sigue siendo en el ámbito del 2D, una forma más lineal de animación, que buscaba la profundidad de los espacios y los personajes a través de los propios dibujos y la habilidad de los artistas para plasmar las perspectivas. No existía volumen físico, pero sí maneras de sugerirlo.

Actualmente, por suerte, se ha limado la disciplina para conseguir todo aquello de manera más sencilla, rápida y dinámica, y la tecnología digital tiene buena culpa de ello. Las horas de trabajo se han reducido por el bien de empleados y producciones, que han encontrado atajos para optimizar recursos. Por un lado, la contratación de profesionales que se encarguen de realizar los pasos intermedios de cada movimiento; por otro, el uso de plantillas o la incorporación de softwares, como Toon Boom o Adobe Animate, han ayudado a multiplicar personajes previamente creados y dibujados por los artistas. Una forma perfecta de ahorrar en este proceso tan laborioso.

Diseño de personaje adolescente en diferentes vistas, con ropa casual, cabello oscuro y camiseta estampada, junto a variaciones de peinado.
Trabajo realizado por Aaron Mayorgas

El 3D: camino a la profundidad

La llegada de las tres dimensiones vino de la mano de la computadora. Gracias al mundo digital, se pudo explorar un nuevo eje, el z, que implicaba salir del mundo de la superficie, del terreno lineal, para introducirse en la complejidad de la profundidad, donde habitaba toda una corriente de oportunidades, tanto para los personajes como para los espacios. De esta manera, los personajes y los objetos pueden moverse con más soltura a lo largo de ese nuevo eje, en lugar de limitarse a ir de un lado a otro sobre el mismo, pudiendo rotar, explorar los fondos y, en definitiva, ganando en realismo.

‘Futureworld’, en 1975, fue la primera película que incluyó animación 3D, y ‘Star Wars’ también se subió al barco de esta técnica para elementos clave como la Estrella de la Muerte o el Halcón Milenario. Desde esos inicios que observamos con nostalgia y media sonrisa, pasamos a las maravillas que se crearon tan solo dos décadas después con joyas como ‘Toy Story’. De hecho, la llegada de Pixar supuso un salto de calidad y estilo en la animación producida hasta la fecha, con un nivel de sofisticación cada vez mayor gracias a las tres dimensiones.

La creación y animación de personajes y objetos son las principales diferencias entre la animación 2D y 3D. Y más en la actualidad: el nivel de sofisticación y especialización de la animación en tres dimensiones es amplio y variado, creciendo cada día con nuevas técnicas y softwares, hasta el punto de llegar a las escuelas de animación y a los hogares de los usuarios. Máquinas enormes para generar animación se han simplificado y mejorado hasta el punto de llegar en forma de programas no solo a los mejores estudios en condiciones más favorables, sino a los ordenadores de alumnos y animadores principiantes.

A partir de aquí, podemos hablar de dos formas de ejercer esta animación 3D: la tradicional y la escultura digital. Mientras que las dos dimensiones necesitaban el dibujo manual (sobre el papel y a partir de programas digitales) para dar vida a sus personajes, con la máxima de la repetición, las tres dimensiones cambian completamente el paradigma, facilitando el proceso de cada movimiento y, al mismo tiempo, convirtiéndolo en un asunto más complejo, donde pueden entrar en liza asuntos como la programación.

El modelado 3D es la disciplina que se encarga de componer las figuras que, más adelante, son susceptibles de ser animadas. Ya no hay dibujos salvo para crear los concept arts que se utilizan como inspiración y base. La técnica más tradicional del modelado 3D se basa en la manipulación de polígonos, a través de vértices, aristas y caras. Tiene una base de geometría, y desde una perspectiva más matemática como esta, existen otras formas, como el modelado procedural, de curvas o de vóxeles, aunque el poligonal es el más habitual dentro de este ámbito.

En este territorio, se utilizan programas como Maya Autodesk, Blender y Cinema 4D. Por otro lado, el modelado por escultura digital es otra de las opciones que ha ido ganando peso con el paso del tiempo y que, actualmente, ya es una de las más utilizadas. Precisamente, el nombre elegido para abrazar esta técnica no podía haber sido más acertado, ya que, de alguna forma, el profesional moldea una masa de arcilla digital que, de manera más fluida, libre y creativa, cristaliza en los personajes y objetos que quiere componer.

Como si de un antiguo maestro artesano se tratara, un genio del estilo de Miguel Ángel o Bernini, el usuario da forma a su obra con un guiño romántico a esa bella técnica que nació hace siglos.

A la hora de animar sucede algo parecido: el ordenador y los softwares especializados mandan en el campo del 3D. En lugar de las repeticiones dibujadas del 2D, nos encontramos con técnicas como el rigging: esqueletos colocados bajo las capas del personaje modelado que mueven por separado cada una de las partes del cuerpo. No hay que repetir nada, tan solo crear esa estructura interna, adherirla al modelo y aplicar unos controladores para mover el personaje u objeto animado, tanto a nivel de movimientos funcionales como de expresiones. Es más complicado de aprender, pero mucho más sencillo y rápido una vez se domine la materia. Y el 3D va mucho más allá: gracias a la capacidad de ampliación que brindan estos programas, los movimientos afectan no solo a piernas o brazos, sino a tejidos y pieles, ayudando a ganar en realismo y a expresar sentimientos en un rango más amplio.

En el caso de los efectos visuales, las animaciones, que también se manejan en estos programas digitales de 3D, obedecen a las leyes de la naturaleza y a la física, como la velocidad del viento y la gravedad. Estos parámetros son vitales para recrear digitalmente fenómenos como huracanes y situaciones graves como inundaciones o explosiones, y se han sofisticado gracias a programas revolucionarios como Houdini.

Hombre joven de complexión atlética y cabello rubio, vestido con camisa beige, bajo la luz de la luna rodeado de árboles y cielo estrellado.

Los fondos, otra historia

En la animación tradicional de dos dimensiones, los fondos y entornos tienen un papel importante, pero menos funcional que en 3D. Para la primera, se realizan dibujos para diseñar una imagen plana, más o menos detallada, que se coloca detrás de los personajes y, así, poder contextualizar cada escena. En ocasiones, se utilizan capas para que la sensación de profundidad sea mayor y otorgar ligeros movimientos. A la hora de diseñarlas, se recurre a la animación tradicional de dibujo o a los programas de diseño gráfico o pintura digital. Photoshop y Toon Boom son herramientas habituales.

En el caso de la animación en tres dimensiones, como podría ocurrir en las películas de acción real, los fondos y entornos son más importantes y los personajes pueden interactuar con este, a veces convirtiéndose en un personaje más. Asimismo, los fondos en 3D están generados por ordenador a través de programas como Blender, Autodesk Maya, Nuke y After Effects. Y no solo porque el entorno digital necesite este tipo de softwares tan potentes, sino por las posibilidades que ofrece para incrementar el realismo de cada secuencia: juegos de iluminación, sombra, texturas, efectos visuales y demás subtécnicas que alimentan cada espacio y combinan a la perfección con la historia y los personajes.

Además, cada entorno o fondo tiene su grado de complejidad en la medida que los personajes interactúen con él, para lo cual se deben diseñar los planos a través de la profundidad del escenario, colocando una cámara virtual desde los softwares para componer las escenas.

Compártelo en tus redes
¿Te interesa?
Tenemos mucho que
contarte en:
¿Te interesa?

Noticias recientes

Información
Información
Bienvenid@
Logo Lightbox Academy

Nos encantará ayudarte a tomar la mejor decisión.