
A pesar de la evolución del sector audiovisual y, concretamente, del fascinante ámbito de la animación, todavía existe confusión a la hora de identificar a los profesionales que trabajan en él. En este sentido, un animador propiamente dicho, cuyo trabajo consiste en animar una pieza, es independiente de un modelador 3D, un concept art o un guionista, por mencionar algunas disciplinas. Todos ellos son imprescindibles en animación, pero no todos ellos son animadores per se.
Insuflando vida
Una animación no es un dibujo animado, como mucha gente piensa: es, básicamente, la capacidad de mover un personaje o un objeto. Este puede formar parte de una película de animación o de un videojuego, pero también de una película de acción real, donde se acople perfectamente a actores y objetos reales.
Los animadores 2D y 3D son los encargados de desarrollar esos movimientos y gestos que convierten un objeto inanimado, previamente modelado por el profesional correspondiente, en una pieza viva, con personalidad y funcional. Es el responsable de colocar la chispa que alimente su mecanismo interno.
Interpretando los deseos de los creadores
Antes de encender ordenadores y ejecutar softwares, un animador debe aprender a interpretar los guiones y los deseos de directores para ejecutar convenientemente las animaciones. Hablamos, por supuesto, no sólo de procesos básicos como caminar, circular o saltar, sino sonreír de cierta forma, aplicar una personalidad a cada movimiento, manejar un artefacto de una forma concreta, entender el comportamiento de las texturas (cabellos, telas…) y, en definitiva, comprender la filosofía de la historia y sus peculiaridades para poder interpretarlas en términos de animación. Es una función que puede resultar desconocida, pero que es clave para empezar a animar con un conocimiento previo.

Rigging: creando el esqueleto que lo mueve todo
Entrando en la producción, el proceso donde interviene el animador de manera más acusada y constante, el rigging es el paso previo a la animación y, teniendo en cuenta las divisiones que contempla esta escisión audiovisual, es un profesional diferente al animador propiamente dicho. Sin embargo, su trabajo es clave para que un personaje u objeto pueda moverse y está estrechamente ligado a la labor del animador (en los estudios pequeños, suele ser la misma persona). En este caso, el animador confecciona un esqueleto que recorre la estructura interna de ese personaje u objeto susceptible de cobrar vida, a través de un sistema piramidal que conecta con ese alambrado geométrico de huesos virtuales mediante el proceso de skinning. Cuanto más sofisticada y precisa sea esa estructura esquelética, mayor variedad de movimientos pueden ejecutarse y más realistas pueden llegar a ser.
A partir de aquí, haciendo uso del rig, el animador entra en juego y mueve ese entramado creado por el rigger, que también incluye ciertos controladores. Así pues, riggers y animadores 3D trabajan codo con codo, y es más que interesante que ambos perfiles conozcan ambos campos para fluir de la mejor manera.
Animación propiamente dicha: del papel a la pantalla
Aunque en todos los procesos anteriores el animador tiene un papel importante, el proceso de animación es su gran caballo de batalla, y es muy similar tanto en 2D como en 3D. Se debe aplicar lo interpretado a partir de los guiones y storyboards. Si se trata de dos dimensiones, se eliminaría el rigging y cada movimiento lo realizaría el dibujante; en 3D, el animador se apoya en el rigging para trabajar. En ambos casos, se empezaría con el estudio de referencias reales o ficcionadas que ayuden a determinar movimientos, gestos y expresiones similares.
En primer lugar, se crean las poses de los personajes o de los objetos y, tras el estudio del trabajo de los creadores, se estructuran los movimientos de acuerdo con ellos. Por ejemplo, es tremendamente importante respetar el estilo, pues no es lo mismo una serie o videojuego tipo manga o cartoon: no solo cambia la imagen, sino la forma en la que se ejecutan los movimientos. De hecho, algunos productos o personajes se caracterizan por un estilo de movimientos concretos, y el animador es el encargado de reproducir esos estilos y las ideas de manera correcta.

Componiendo el movimiento
Una vez establecido el estilo, llega la ejecución del movimiento, donde se dibuja un recorrido desde el punto de partida hasta el final, siempre obedeciendo los parámetros de la narrativa. Se empieza con una especie de animación por bloques, con movimientos rígidos, y luego se colocan pasos intermedios (in-betweens) para instalar la fluidez necesaria. Poco a poco, se lima el movimiento para hacerlo más orgánico, perfectamente pulido, componiendo arcos en lugar de líneas rectas, ajustando tiempos y estirando y comprimiendo partes del cuerpo durante la ejecución, siempre en favor del realismo.
De alguna manera, el animador da vida al acting del personaje, como si este fuera un actor cuya interpretación puede moldearse al gusto. En este sentido, además del movimiento, también se manipulan las expresiones faciales, tanto a la hora de representar sentimientos como las consecuencias de realizar un movimiento. Y, para redondear el apartado de movimientos, el asunto cambia si los personajes hablan, pues hoy en día se ha sofisticado mucho el proceso de sincronización de los diálogos con los labios. El animador también será el encargado de realizar ese trabajo e incidir en el acercamiento al realismo que hace años no tenía lugar en este apartado. Ahora, los personajes animados no solo hablan idiomas, sino que los ejecutan de la misma forma que un ser humano real.
Cómo animaciones extras que no son necesarias en todas las producciones, pero que añaden un punto de realismo en algunos casos, existe un trabajo sobre texturas y superficies que también pueden moverse. Depende mucho del estilo de la animación, pero está ganando enteros con los años, sobre todo en el ámbito del 3D, cuyo nivel de movimiento y precisión es más sofisticado que en las dos dimensiones. Sin embargo, en 2D también se trabaja este aspecto.

Los efectos visuales, otro campo de actuación
En los grandes estudios, el trabajo de los VFX recae sobre el VFX Artist, aunque los animadores también pueden encargarse de ello en centros más pequeños. Y, de alguna forma, el VFX puede ser un animador más. En este caso, aparte de realizar estos efectos, como las simulaciones (humo, explosiones, inundaciones…), deben integrar las animaciones con el resto del producto.
Animador todoterreno
El trabajo de animador, sin embargo, puede ser muy específico, como hemos descrito, o más amplio, dependiendo del tamaño del estudio o de las capacidades del animador. Existen profesionales que, siendo autónomos, realizan un trabajo multitarea y exploran varias capas del proceso de animación, como el rigging o los efectos visuales, que en un gran estudio o productora estarían claramente divididas.
Ocurre algo similar en los estudios pequeños o en las empresas no audiovisuales con equipos reducidos, normalmente con un único animador que asume todo el proceso, desde el concept artist hasta la animación, pasando por el modelado 3D, incluso la iluminación y el shading que en grandes estudios realiza una persona de manera específica.